Escucha el artículo a continuación:
Son 5 los elementos imprescindibles para provocar un cambio poderoso en tu persona. La ausencia de alguno de ellos provoca un sentimiento distinto, pero tratándose de falta de motivación legítima, se presenta como consecuencia el cambio gradual.
En este número te presentaré la razón fundamental por la que tantas personas que conoces comienzan algo con toda su intención y voluntad y pronto renuncian a ella, esto es un cambio gradual.
Si quieres realmente provocar un cambio en tu vida, ya sea que se trate de echar a andar un proyecto o cambiar por completo alguna situación en tu vida que no te permite avanzar, son 5 los elementos necesarios que debes reunir para lograr la transformación que tanto buscas.
Ante la falta de alguno de ellos, la reacción que tendrás será distinta.
En muchas ocasiones es fácil detectar lo que te está haciendo falta, pero en otras no resulta tan claro qué está sucediendo, pero es necesario contar con los cinco elementos para generar esa transformación que provocará un cambio dramático en tu forma de vida.
Los cinco elementos esenciales del cambio
Para provocar un cambio real y duradero necesitas:
- Visión
- Habilidades
- Motivación.
- Recursos
- Plan de acción
Si falta uno solo, el cambio no se materializa. En el número anterior te expliqué ampliamente cómo te afectará la ausencia de alguna habilidad, que, junto con una visión de futuro clara, se conjuntan para acercarte a la meta que has establecido.

Hablemos del Cambio Gradual
Puedes tener un objetivo claramente definido, integrado con todas las etapas que habrás de recorrer en tu proceso de transformación, pero es imprescindible que la necesidad que sientes de un cambio ser respalde en motivos poderosos y suficientes para que tú quieras lograr esta transformación porque necesitarás de toda tu capacidad, tus recursos, un plan bien definido y una poderosa y fuerte motivación, pero ¿qué es la motivación?, ¿de dónde surge? Y ¿cuáles son sus alcances?
La Motivación
La auténtica motivación es una actitud que surge de la persona y no es posible tratar de promoverla externamente. La motivación nace de la capacidad del individuo de comprometerse consigo mismo y encontrarse en un estado de excitación por algo que habrá de venir con su esfuerzo.
La motivación es la dinámica que surge de los “motivos” que una persona tiene para seguir determinado proyecto y apoyarlo hasta su término.
La motivación encierra los intereses de la persona para participar activamente en los cambios y no es posible imponerla, debe surgir del interior de la persona y se traduce en la forma como la persona se ve a sí misma beneficiada de los cambios que traerá la visión de su futuro.
La intensidad de la motivación
Es necesario que encuentres los detonantes del cambio que estás tratando de lograr y entender desde un principio que estos impulsores son enteramente tuyos, te pertenecen y tú serás el primer beneficiario de aplicar todo tu esfuerzo, tiempo, recursos y habilidades para materializar tu nuevo proyecto de vida.
Todo cambio exige un período de tiempo en su realización, máxime si se trata de una transformación importante que cambiará para siempre un estado actual insatisfactorio, en consecuencia, la motivación, durante estos prolongados períodos puede decaer hasta el punto de perder el interés.
Debo decir que tendrás períodos en que te sientas deprimido porque no podrás cambiar el ritmo del tiempo necesario para lograr lo que tanto persigues, a menos que el cambio que buscas sea efímero o de poca importancia.
La motivación debe ser tan fuerte y poderosa que deberás tener la fortaleza de soportar y superar todos los obstáculos que enfrentarás.
La motivación y su intensidad debe ser equivalente al tiempo e importancia de tu cambio
Para un proyecto pequeño o de poca duración, la motivación puede ser “ligera” o superficial, por ejemplo, cuando tratas de ganar un juego de futbol. Es temporal y prácticamente no tienen gran trascendencia en tu vida, pero tratándose de un proyecto personal que necesitará años de esfuerzo, la motivación también debe perdurar durante muchos años y ser intensa, de tal manera que no haya obstáculo suficientemente grande o resistencia que se oponga a tu meta. Es cuando necesitas estar “super- motivado”
El origen de la motivación
Cuando somos pequeños, nuestra madre nos motivaba a comer las verduras en la comida y su mensaje de motivación era “crecer sano y fuerte”.
Con este ejemplo trato de explicar la manera como desde pequeños aprendimos a recibir motivaciones externas a nosotros. Realmente, de niño, no pensaba yo en ser grande y fuerte. Quería tener amigos y jugar con ellos y ciertamente la alimentación no era importante hasta que mi mamá me dijo que la gente que comía verduras jugaba mejor al futbol, porque desarrollaba los músculos de manera formidable. Entonces la motivación pasó a ser mía.
Pero no siempre ocurre así.
Hay adultos que entrados los 35 años necesitan que su mamá los levante de la cama para irse a trabajar. Estudiaron una carrera profesional porque sus padres los llevaron hasta la puerta de la Universidad a hacer sus estudios superiores.
Es natural esperar que este profesionista jamás será competente. Simplemente se acostumbró a hacer las cosas con motivación externa.
La motivación debe ser legítima.
Cuando nos acostumbramos a ser motivados externamente (padres, amigos, compañeros de trabajo) respondemos sin ánimo a tomar determinadas decisiones sin verdadera pasión, en cambio, cuando algo nos interesa profundamente, llega al nivel de hacer hasta lo imposible por conseguir lo que anhelamos. Esta es la diferencia entre una motivación externa (no legítima) y otra que surge desde nuestro interior que la hace legítima.
Cuando la motivación es “importada” y no es legítima, carece de la fuerza suficiente porque no existe una convicción real de lo que queremos lograr, en cambio con un “motivo” auténtico, procedente de nuestro interior, la fuerza se vuelve avasalladora. Harás todo lo necesario para conseguir el objetivo.
Es importante mencionar que el esfuerzo y la motivación deben ser proporcionales a la dimensión del cambio que quieres lograr.
Un objetivo pobre exigirá una motivación proporcionalmente pequeña, en cambio un proyecto importante que trascenderá positivamente en el futuro, requerirá una dosis de motivación también proporcional, que además sea tan fuerte que difícilmente pueda renunciarse a ella.
Cambio Gradual.
Cuando la motivación no es legítima, el cambio se presenta de forma gradual, incluso, en ocasiones no se llega a materializar la transformación, como sucede con el estudiante universitario que asistía a la Universidad porque sus padres se lo exigieron.
En la vida cotidiana si no localizas el motivo poderoso que genere esta motivación, solo conseguirás un cambio que se irá gestando poco a poco, incluso muchas veces no logra conseguirse del todo.
El cambio gradual se ejemplifica como un “arranque en falso”, que vemos frecuentemente entre los miles de personas que quieren iniciar algo nuevo, pero les falta determinación, empuje o “algo más” para estar plenamente convencidos de dar el salto. Una motivación pobre o de poco valor provocará un cambio gradual.
El cambio gradual genera transformaciones más lentas y comunes entre las personas porque la motivación gradualmente va perdiendo fuerza.
Lo vemos presente en muchas personas que quieren hacer algo, pero no comienzan jamás.
Cuando un nuevo proyecto de vida vale la pena, requerirá un gran esfuerzo y una motivación superior, que no disminuya en el tiempo, y sea capaz de superar cualquier obstáculo, solo así la recompensa será suprema.






