Tu cuerpo, sin refacciones de repuesto y reparaciones costosas.

Salud y Alimentación

Escucha este artículo a continuación:

 

Estamos tan acostumbrados a nuestro cuerpo que olvidamos que no se cuenta con refacciones ni recursos que puedan reemplazar alguna pieza.

No existen refaccionarias que puedan ofrecernos un hígado, riñones o pulmones y si las hubiera deberías saber que no se trata de piezas de reemplazo que pudieran ser intercambiadas con facilidad.

De ahí que debamos cuidar lo único y mejor que tenemos, nuestro propio cuerpo.

Lo que nadie te ha dicho.

Seguramente hace mucho, mucho tiempo que nadie te dice que fuiste concebido como un ser perfecto, aún con alguno que otro defecto, debes saber que funcionas correctamente tal y como fuiste diseñado por el creador.

No te hace falta nada.

Sin embargo, con el paso de los años nos vamos dando concesiones que poco a poco dañan imperceptiblemente nuestro propio funcionamiento.

Así, después de años constantes de consumir bebidas embotelladas (muy sabrosas, por cierto) nos damos cuenta de que las burbujas han venido afectando nuestro organismo y comenzamos a notar malestares frecuentes. Realmente las burbujas no tienen nada que ver, pero la cantidad de azúcares y químicos que contienen van dejando milésimas partes de mala voluntad en nuestro organismo, que, con el paso de los años, simplemente provocan un daño.

Lo mismo ocurre con la manera como comemos y los contenidos básicos de lo que consumimos. Pueden tratarse de inocentes platillos que nos sirven de alimento y disfrazan fácilmente sus nutrientes, como son las harinas, grasas artificiales y suplementos que acentúan su sabor, olor y presencia visual. ¡Cómo negarse a tanta exquisitez!

¿Quién podría resistirse a tanta tentación y diariamente oponerse a un alimento tan delicioso?

El mundo entero está lleno de tentaciones que impiden que decidamos adecuadamente por nuestra salud.

Más tarde o temprano tu organismo cobrará su factura y te encontrarás en una situación difícil donde tratarás de recuperar tu salud perdida gradualmente, con años de constancia.

Por todos los medios de comunicación nuestros gobiernos envían mensajes para convencernos de tomar mejores decisiones. Nos dicen que hagamos ejercicio; que evitemos los azúcares refinados; que nos alimentemos sanamente y hagamos de lado productos que nos atraen por todas partes.

Todos estos mensajes te dicen: ¡Cuida tu cuerpo, es el único que tienes!

A pesar de todos estos comerciales que pasan desapercibidos por la mayoría, nos encontramos con un aparato comercial que nos insiste en que la Hamburguesa “tal con doble queso y chispitas de chocolate” es fantástica. Que la pizza “mengana” tiene un queso crujiente. Que el pollo de la marca “fulana” es tan buena que escurre aceite cuando la muerdes.

Y no lo dudo, deben saber a gloria, aunque represente una agresión directa al corazón, a la circulación sanguínea y a mi peso. Finalmente, una pizza más no me va a fulminar (eso decimos para darnos una concesión solo por hoy).

El problema es la acumulación de todas esas harinas, grasas y alimentos ultraprocesados, saturados de químicos artificiales y sustitutos que añaden sabor, aroma y textura. Eso sin mencionar los estándares de calidad que exigen que un aceite no se deseche sino hasta que está completamente ennegrecido y reducidos sus atributos y calidad.

Te dejo algunos datos de lo que vemos todos los días en la calle:

Cerca de un 37% de adultos vive con obesidad. Un 17% de adolescentes presentan ese problema y un 18% de niños la padecen.

Las estadísticas de problemas cardiovasculares en México no se tienen definidas por grupos poblacionales, sin embargo, esta es la segunda causa de mortandad en el país. Al parecer solo se registra en las estadísticas cuando la persona fallece.

La solución sólo está en tus manos.

¿Qué podrías hacer para mejorar, limpiar y dar mantenimiento a tu organismo con la certeza de no equivocarte?

No se trata de que te inscribas hoy mismo al gimnasio o que incluyas un maratón a tu rutina diaria, porque estas son propuestas que no funcionan, simplemente cambia tu rutina y define tus prioridades de acuerdo con lo que tú mismo decidas.

No necesita ser año nuevo para que mejores dramáticamente tu calidad de vida, simplemente haz cambios que sí puedas controlar y fortalezcan tu voluntad.

Si eres de las personas que comen fuera de su casa y no te queda otra opción que conseguir tus alimentos con los proveedores cercanos a tu centro de trabajo, simplemente elige mejor.

Con toda seguridad hay quien pueda ofrecerte un menú de comida casera de alta calidad que te ayude a cambiar tus hábitos.

Eso puede transformar la forma como te alimentas, de ti depende añadir alguna fruta de temporada.

Lo segundo que puedes hacer por ti mismo, es aprovechar lo que sí tienes a la mano. Desplázate por más tiempo a pie; todos los días. Eso fortalecerá tus músculos, tu corazón y todo tu organismo.

 

¿Estas soluciones deberían ser más cómodas? No lo creo, la finalidad es que tú mismo te percates de que estás haciendo un cambio y que tienes el poder de hacerlo.

Tu cuerpo te lo agradecerá. Está en tus manos mejorar tus propios hábitos alimenticios sin necesidad de un médico o un terapeuta porque ya sabes perfectamente lo que te hace daño, simplemente demuestra que, para ti, vales la pena.