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Cada día que pasa noto que las personas son menos exigentes consigo mismas, intelectualmente hablando.
¿Qué quiero decir con esto? Que cada día que pasa nos exigimos menos a nosotros mismos.
Lo noto cuando escucho leer en voz alta a un gerente. Me doy cuenta de la poca capacidad de una joven para hacer cuentas mentales cuando cobra en la caja de una tienda. Lo confirmo cuando platico con una persona que, a pesar de tener estudios universitarios, tiene el pensamiento de un niño de primaria.
Estamos dejando de exigir a nuestra mente que trabaje para dar tan solo un poquito más, y cuando hacemos esto, nos convertimos en un elemento más del mundo de la gente promedio. Esa que no tiene aspiraciones, capacidad, imaginación o inteligencia.
No tengo la certeza de cuándo comenzó oficialmente a embrutecerse a los estudiantes de primaria, si no me equivoco fue en el período del presidente Vicente Fox (del año 2000 al año 2006), quien, a través de la Secretaría de Educación Pública, impuso que no se reprobara a los niños con calificaciones deficientes. Desde entonces hasta el jovencito con menos capacidad intelectual, por el simple hecho de haber asistido a la escuela, debía pasar al siguiente grado.
Esta situación ha tenido repercusiones que vemos cada día al extremo de encontrarnos con egresados universitarios que difícilmente pueden leer un solo párrafo con suficiente fluidez, mucho menos comprenden lo que están leyendo.
Esta pobreza mental la padecen cada vez más jóvenes, puesto que ya no necesitan leer porque su dispositivo celular “habla” lo que deberían leer y comprender por sí mismos.
Lo mismo ocurre con las matemáticas.
Estoy seguro de que tú no confiarías la caja de tu negocio a una persona que espera que la calculadora de su teléfono celular o la máquina registradora le indique la cantidad de cambio que debe entregar al cliente que ha comprado un producto.
Así está sucediendo cada día y lo podemos notar por la gran cantidad de jóvenes que cada día arriesgan su vida imitando un reto que vieron publicado en Instagram.
No saben leer, pero tienen la capacidad para cometer estupideces que cualquier persona con un poco de sentido común comprende.
El retorno al pasado
A principios del Siglo 20 las clases sociales se distinguían, entre otras cosas, por su nivel de estudios. El ser abogado, médico o ingeniero era una garantía de estar tratando con una persona culta y con capacidad de resolver situaciones que eran ajenas o imposible de comprender por el pueblo analfabeta, de hecho, había una gran diferencia entre ambos niveles, principalmente en la comprensión de las cosas.
La intención del presidente Fox era incrementar artificialmente el número de pobladores alfabetizados y con niveles de educación básica y lo logró, aunque solamente egresaron jóvenes que difícilmente comprendían la diferencia entre un círculo y un cuadro. Junto con ello inició la proliferación de universidades y escuelas tecnológicas con la finalidad de incrementar el número de personas capaces de proveer mano de obra calificada para la industria en México.
Lamentablemente, en las aulas predominó lo que yo defino con la ley del promedio que explicaré al detalle a continuación.
Si una sola persona de un grupo de 50 individuos no sabe leer, seguramente aprenderá. Pero si ocurre lo opuesto, la ignorancia generalizada hará que el único que sabe leer deje de practicar y entender los conceptos que lee.
Es por eso por lo que el día de hoy, a 25 años del proyecto de Fox y alimentado con la nueva reforma educativa, se han producido generaciones enteras de personas incapaces de leer un solo párrafo, de comprender conceptos matemáticos y de identificar con certeza la diferencia entre Austria y Australia.
La ignorancia se ha vuelto un atributo que se alimenta fácilmente con las redes sociales, que buscando atraer al mayor número de personas a sus distintos sitios, sus creadores de contenido se empeñan en evitar a los jóvenes la necesidad de leer, escribir y pensar.
Ciertamente tiene mucho sentido que la ley del menor esfuerzo prevalezca por encima de tener que hacer algo que exija simplemente pensar.
Si analizas el ambiente donde te desenvuelves notarás la poca disposición de la mayoría de las personas por superarse y al hacerlo así ¿por qué harías tú un esfuerzo por ser mejor? Nadie te estará exigiendo un mejor desempeño porque todos aquellos de los que te rodeas forman parte del promedio mínimo.
Solo sobresale aquel que aplica un esfuerzo adicional y está dispuesto a pagar el precio que implica superarse. Por esa misma razón tenemos un jefe con una preparación superior a la nuestra.
Superar nuestras condiciones de vida exige un esfuerzo
Tú puedes mantenerte toda la vida dentro del promedio, del común denominador y lo más probable es que la vida siga exactamente igual a como hoy la percibes, más aún si tú mismo te calificas como parte del universo del promedio.
¿De qué otra manera podrías…
…ganar más dinero que preparándote para ocupar un puesto mejor?
…cambiar tu casa por una mejor sino ganando más dinero?
…cambiar de amistades por personas que te motiven a superarte?
…establecer un negocio si no te preparas en administración financiera?
Es imposible que salgas de tu nivel de promedio a menos que hagas algo por ti mismo.
La capacitación en la empresa.
La capacitación que te ofrecen las empresas es una gran ayuda, pero exige un cambio de percepción del mundo. Te lo explico con un ejemplo:
Un operario que quiere ocupar un puesto de supervisor para obtener un mejor salario y mejorar sus condiciones de vida tendrá que capacitarse, pero además aprender de nuevo a llevar cuentas porque se le exigirá que entregue reportes por escrito; además tendrá que aprender a leer de nuevo las instrucciones del jefe de área o de la Gerencia.
Si quiere convertirse en supervisor sin hacer nada adicional, no será suficiente que siempre llegue a tiempo al trabajo y que alabe a su jefe inmediato, porque necesitará adquirir nuevas habilidades y para esto tendrá que re-aprender aquello que ha olvidado.
Una gran parte de esto es posible que se lo ofrezca una serie de cursos de capacitación que le proporcionará la empresa, pero jamás podrán inyectarle a través de cursos, las actitudes, los comportamientos y la forma de actuar que debe tener un líder, porque eso solamente se logra cambiando la actitud de la ley del promedio.
Tú lo has atestiguado una y otra vez: al operario que ascienden a supervisor que luego regresa a su puesto anterior porque no cambió jamás de mentalidad.
Es necesario romper la ley del promedio a menos que quieras permanecer toda la vida dentro de este grupo.
Debes exigirte más, mucho más de lo que te pidieron tus padres cuando terminaste los estudios básicos.
Mucho más de lo que te piden en la empresa donde trabajas, debes sobresalir del promedio siempre.
Salir del mundo del promedio exige un cambio de actitud que inicia dejando de compartir tanta tontería que se ve en las redes sociales porque los influencers solamente dirigen sus mensajes a gente promedio, donde se ubica la gran mayoría de las personas.
Si estás seguro de lo que quieres y deseas transformar tu futuro a una mejor visión de vida, deberás pagar el precio que exige, comenzando por salir del promedio que invita a la mediocridad.
Nadie pagará por ti el precio de lograrlo.
Depende únicamente de ti.






