haciendo adobes

Descansar haciendo adobes

Descanso y Diversión

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Uno de los 8 factores que determinan nuestra calidad de vida se centra en nuestra capacidad y habilidad para descansar y divertirnos.

En México casi todos utilizamos la expresión “descansar haciendo adobes”. Es muy probable que no sepas lo que es “hacer un adobe” o jamás lo hayas intentado. Un adobe es un ladrillo de barro secado al sol.

El punto es que todos tenemos la capacidad de aprovechar nuestro tiempo de descanso para realizar una actividad productiva que nos represente un beneficio. Al hacerlo, sin saberlo disfrutamos la experiencia y curiosamente producimos en nuestro físico un bienestar similar al que conseguiríamos reposando en una hamaca o mejor aún.

Cada uno se conoce a sí mismo y sabe cuándo una actividad extraordinaria representa un descanso físico, emocional o laboral y nuestra mente nos invita a hacerlo porque más tarde o más temprano esta actividad será necesario realizarla.

Lo mejor de todo es que intensifica nuestro nivel de satisfacción.

La actividad prioritaria en nuestras vidas.

La mayor parte del tiempo del día lo ocupamos en el trabajo, sea el que fuera. Hablo de 8 o 9 horas realizando una actividad específica por la que recibimos un salario.

Debo mencionar que no solo se trata de 9 horas, porque debemos considerar el tiempo que dedicamos en transportarnos al centro de trabajo, que para cada uno puede ser distinto, pero al menos exige 3 horas diarias que se pierden para siempre. Es inevitable. En suma, dedicamos cerca de 12 horas diarias al trabajo, para que, al llegar a casa nos encontremos con un cúmulo de cosas que hacer sin recibir recompensa o pago alguno.

No parece justo, pero así es la vida y todos experimentamos con resignación este hecho.

Lo bueno es que, cada que se acerca el fin de semana contamos con un tiempo de uso exclusivo para nosotros mismos.

Bueno, eso no es tan cierto si considero que soy padre de familia y mi esposa me pondrá a hacer algo que he venido desplazando por mucho tiempo y ella definitivamente no puede hacer: limpiar las pantallas de los focos localizados en el techo de toda la casa.

Hago la cuenta y calculo que son cerca de 15 pantallas, lo que me habrá de tomar cerca de una hora, acercar una escalera, verificar que cada foco encienda, contar con un trapo húmedo y comenzar la tarea: ¡en mi día de descanso!

Finalmente, después de las 11 del día he terminado con los focos y sigilosamente me retiro a la recámara con la intención de ver un capítulo de una de mis series favoritas…. Pero en ese momento, justo cuando estoy por escapar del itinerario de mi mujer, me llama para cortar y recoger el pasto de la cochera, lo que a su vez implica que mueva el auto del estacionamiento que tenemos en casa.

¿Qué caso tiene contradecir al jefe? No ganaré nada con ello, así que apuro la tarea, que también tomará 1 hora de mi valioso tiempo, así que decido iniciar cuanto antes con la penosa labor.

Ha pasado poco más de una hora y apenas estoy terminando.

Casi es la 1 de la tarde y me espera un tazón de mi botana favorita: el auténtico pico de gallo, con gajos de naranja, cebolla, pepino, jícama, limón y chilito en polvo… estoy listo para comenzar a preparar mi botana cuando me doy cuenta que la mitad de los ingredientes no los tengo, lo que exige que haga una salida urgente a la tiendita de la esquina donde está mi mejor proveedor alimenticio, pero, cuando estoy a punto de escurrirme sigilosamente de la vista de mi esposa, ella se da cuenta de que estoy en “plan fuga” y de inmediato cuestiona mis movimientos sigilosos. Entonces identifica forma tradicional de actuar, adivinando con no sé que poderosa fuerza universal y desconocida, mis intenciones. Entonces se le ocurre la grandiosa idea de salir al supermercado a surtir la despensa de la semana.

Insisto, ¿Cómo contradecir las instrucciones precisas de mi amada?

Dócil como perrito educado me preparo para ir al supermercado, justo antes de la hora de comida, sabiendo de antemano que las cajas estarán abarrotadas de compradores, que, al igual que yo, son víctimas de su destino. Más de uno todavía trae consigo tenis, short, gorra de descanso y lentes oscuros, seguramente dejaron en la mesita una bebida refrescante o su pico de gallo.

Hemos hecho la despensa de la semana y traemos prácticamente todo lo que necesitan mis fieras para la semana. Claro, el apetito de mis hijos adolescentes no puede menos que compararse con una jauría.

La comida está casi hecha, pero entre el traslado al supermercado, las filas en la caja y la interminable búsqueda de productos que necesitamos en la despensa; son las 3 de la tarde y mis pequeñas fieras ya tienen un hambre insostenible, así que mi mujer se dispone a terminar rápidamente el menú de hoy. Mi hija se adelantó y comenzó a preparar unas verduras cocidas al vapor.

Hemos comido y el sábado obliga al reposo inevitable de una siesta. Bueno, eso creía yo, pero en esta ocasión he sido yo mi propio verdugo, he recordado que debo reparar una lámpara y configurar un software nuevo en la computadora que utiliza toda la familia y al parecer soy el único que puede hacerlo. Eso me tomará al menos un par de horas.

Pongo todo mi empeño en ello y espero pacientemente a que se descargue el software, luego de ello comienzo a configurar el programa para que trabaje adecuadamente en el equipo de la casa, porque la impresora común debe funcionar para todos.

Mientras hago todo esto, mi amada arregla la casa, barre, sacude, trapea y acomoda cada habitación con tanto empeño que creo que si lo sigue haciendo de ese modo terminará despintando el grabado de los mosaicos del piso.

Finalmente he terminado con la labor y el equipo ahora está limpio, funcionando adecuadamente y la impresora ha sido correctamente configurada, rellenados sus cartuchos y con papel disponible para la impresión.

He decretado que es hora de descansar.

Me espera un capítulo más de mi serie favorita que ofrece mi plataforma en línea, pero antes habrá que hacer el pico de gallo.

¡Caramba! Me falta la jícama y el pepino ¡cómo pude olvidarlo estando en el supermercado!

Casi es de noche y tendré que ir corriendo con Eligio, mi proveedor oficial de la tiendita de la esquina, para traer los ingredientes indispensables. Lo bueno es que la tiendita está apenas a 500 metros.

Vuelvo en 30 minutos y comienzo a pelar, picar y sazonar mi botana favorita, ya son las 8 de la noche y el día se ha ido con una rapidez fenomenal, así que me dispongo a cumplir con mi propósito del día.

Por su parte, mi mujer ha dejado reluciente la casa y da gusto recorrerla viendo todo tan ordenado y en su lugar. Me siento mejor que si viviera en un hotel de 5 estrellas.

Con mi tazón en la mano izquierda y un vaso de agua de Jamaica me dispongo a ocupar mi sitio oficial frente a la televisión. Ahora sí no hay nada ni nadie que se oponga a mis anhelos: descansar el sábado.

Antes de terminar de pensarlo, mi mujer me ha pedido llevarla a recoger a la tintorería mi traje y unos vestidos que mandó lavar. Me lo ha pedido de la mejor manera, pero con toda la urgencia del mundo porque el expendio cierra a las 9 de la noche, así que, todavía con mis shorts de sábado la acompaño hasta la plaza comercial donde está la lavandería y presta el servicio de tintorería.

Saliendo del lugar, mi amada se encontró con una vieja amiga del barrio donde vivíamos antes y la plática se inició de forma ilimitada. Yo solamente asentía y estaba de acuerdo con todo lo que ella decía, hasta que noté que ya pasaban de las 9 de la noche y le insistía en que debía ir al auto a dejar tanto mi traje como dos vestidos que había recogido, con la intención de que cortara la plática que se hacía eterna.

Finalmente accedió y regresamos a casa.

Para mi gran decepción, al llegar al hogar, mi tazón de pico de gallo estaba prácticamente vacío. Mis pequeñas pirañas encontraron el apetitoso entremés y prefirieron evitar que pudiera amargarse el limón así que no tuvieron más remedio que dejar solo dos rebanaditas de pepino para poder decir que alguna vez hubo botana.

Así terminó mi día. La ventaja es que algún día podré ver el capítulo de mi serie favorita.

Solo puedo decir que el domingo amanecí sumamente descansado, contrariamente a lo que cualquiera pensaría.

Creo que lo volveré a repetir.