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En mis intervenciones como consultor de empresas muchas personas me han preguntado lo mismo: ¿Cuándo comienza a formarse una persona para convertirse en un empresario exitoso? La respuesta que doy siempre es la misma: desde niños.
Seguramente te sorprende mi respuesta, pero en los juegos de la infancia se descubren y desarrollan los talentos y habilidades de los que en el futuro serán ingenieros, médicos, comerciantes o empresarios, pero estos pequeños no siempre llegan a convertirse en aquello que siempre quisieron ser debido a que los padres por lo regular consideran que el futuro más “prometedor” radica en obtener una carrera universitaria, pero los estudios profesionales no siempre conducen a un profesionista a ejercer su carrera, también hay empresarios, pero no parece haber un mecanismo totalmente formal y certero para transformar un niño en un futuro emprendedor.
Todo comienza con un juego.
Durante años, los países del mundo han querido formar emprendedores debido a que las empresas generan trabajo, transforman materias primas en productos con alto valor agregado, y producen riqueza para todos los involucrados, por esta razón prácticamente todos los gobiernos del mundo cuentan con programas para el desarrollo de habilidades empresariales.
Las incubadoras de negocios en México
México no es la excepción y desde épocas del presidente FOX se inyectaron cantidades millonarias de recursos a la creación de incubadoras de negocios, sin embargo, la falta de un método claro y preciso para formar personas emprendedoras, capaces de desarrollar proyectos de negocio exitosos, se convirtió rápidamente en materia de estudios administrativos que solamente formaron nuevos académicos. Realmente no detonó la creación de nuevas empresas, excepto el gran negocio de tener una incubadora en la Universidad.
La Secretaría de Economía en el año 2000 ofrecía a las Universidades e Institutos tecnológicos recursos para la construcción de instalaciones, salas para recibir cursos en materia de emprendimiento y formación administrativa que realmente ayudaron muy poco en la formación de proyectos de negocio funcionales, incluso el gobierno aportaba los salarios de los maestros. Faltó el sentido común. Baste mencionar que en el año 2010 se tenía en nuestro país cerca de 300 incubadoras de negocios en distintas universidades e instituciones y ese mismo año habían logrado generarse cerca de 315 proyectos de negocio medianamente exitosos en todas las incubadoras del país. Creo que la mayoría de estos emprendimientos ya no existen y la mayoría no sobrepasar los 5 años de existencia. Este es un resultado extremadamente pobre con un enorme costo para el erario.
La necesidad es el mejor maestro del emprendimiento
Mientras que muchas personas se formaban en las academias, la necesidad de otras personas con auténticas necesidades, edificaban pequeños negocios por cuenta propia, con recursos y dinero prestado de parientes y amigos, que finalmente se convertían en verdaderos emprendimientos que, sin más formación que la lógica y el sentido común, los llevó a aprender a no equivocarse.
Estas personas, desde muy pequeñas imaginaban que siendo mayores tendrían un negocio propio y lo lograron.
La pregunta es ¿Cómo lo hicieron y cuándo comenzaron a formarse?
Desde mi punto de vista, para aprender a emprender se inicia siendo pequeño. Se necesita una curiosidad nata y descubrir el gusto por determinado oficio o actividad.
Desde el momento en que un niño observa cómo se comporta el dueño de una abarrotera, un sastre, una señora que vende en la tiendita sus pasteles, va reconociendo el camino para comercializar sus productos y servicios. Con el tiempo, su experiencia y acercamiento con profesionales que cuentan con negocios propios, les ofrecerán la oportunidad de aprender el negocio convirtiéndose en aprendices del maestro. Recibirán la enseñanza y desarrollarán las habilidades como lo haría un artesano a su aprendiz.
Maestro y aprendiz: una escuela de negocios.
No hay muchos secretos en aprender a hacer lo mismo que hace el maestro, siempre y cuando se sigan los mismos pasos para transformar el polvo de barro en una artesanía cuidadosamente elaborada. Tiempo, pasión, talento y experiencia.
Desafortunadamente, también se aprenden los errores multiplicándose, sin la capacidad para percibir que esto está ocurriendo.
Por esta razón es necesario aprender todo aquello que puede provocar problemas en el negocio del artesano: aprender materias administrativas, de calidad, de finanzas, de comercialización y de manejo de personal. Todo dependerá de la naturaleza y alcance del negocio que se quiere emprender.
Estas habilidades deben adquirirse en la medida en que se va edificando el negocio y junto con ello, se va formando el empresario.
La fórmula más sencilla: copiar un negocio exitoso.
Es muy sencillo copiar un negocio exitoso y luego, instalar uno nuevo que competirá con el original, sin embargo, cuando se enfrenten los dos productores en un mismo mercado solo puede resultar una competencia de precios que terminará por dañar a ambos, a menos que lleguen a un acuerdo que les permita cohabitar armónicamente en un mismo lugar sin dañarse entre ellos.
Con el tiempo, tal vez solo uno de ellos sobrevivirá en su mercado:
- El más original.
- El más hábil en materia de dinero.
- El más creativo.
- El que domine las redes sociales.
- El que consiga un crédito más sólido.
- El que pague mejor a su personal.
- El que invierta más recursos.
- El que tenga mejores relaciones.
- El que otorgue algunos días adicionales de crédito al comprador.
- El más creativo.
- Etcétera.
¿Esto dónde y cómo se aprende?
Se dice que “el hábito hace al maestro”, sin embargo, yo no estoy de acuerdo con este dicho.
Voy a explicar la razón por la que lo digo con un ejemplo simple:
Era 1981. Espiridión González era un joven que finalmente había llegado a la mayoría de edad y había comprado un automóvil viejecito, pero en buen estado. Su problema es que no sabía manejar.
Acudió a su abuelo, don Honorio para que le enseñara a conducir. Don Honorio estaba muy complacido con la solicitud de su nieto, así que pronto establecieron un horario para la enseñanza.
Don Honorio le enseñó todo lo que sabía de automóviles, pero tenía un grave problema. Siendo 1981 y habiendo poco tránsito en la ciudad, debes imaginarte que había pocos semáforos y era frecuente encontrar en los cruceros de las calles, gran cantidad de conductores que no hacían el alto en las esquinas, así que Don Honorio todo el tiempo tenía un pie en el embrague anticipando la necesidad urgente de frenar y lo aplicaba con fuerza en cada crucero, incluso mantenía un pie en ese tercer pedal que hoy día casi se desconoce por haber desaparecido los automóviles de transmisión estándar.
Con el paso del tiempo, Espiridión se convirtió en taxista y curiosamente, cada 6 meses tenía que cambiar el embrague del automóvil que seguía siendo un auto estándar, con “tres pedales” en el área del conductor.
Con el paso de los años, Espiridión, con más de 20 años de experiencia, seguía prefiriendo los vehículos de transmisión estándar, pero el costo del embrague siempre resultó sumamente elevado.
Podemos decir que 20 años como chofer de taxi daría la maestría a cualquiera, pero en realidad no es así, porque un chofer que arruina un embrague cada 6 meses no puede considerarse un maestro.
Espiridión aprendió a mantener el embrague prácticamente todo el tiempo que conducía y el desgaste natural de la pieza lo llevaba a cambiar el sistema frecuentemente. Este es un error de manejo que impedirá darle la maestría a Espiridión.
En conclusión: el hábito hace la costumbre, no necesariamente la maestría.
La historia concluyó cuando Espiridión tomó un curso de manejo defensivo y le explicaron el uso correcto del embrague y la razón por la que no había que mantenerlo presionado todo el tiempo, solo así pudo corregir este costoso hábito, que, por cierto, le tomó más de 6 meses asimilar.
Repetir una misma operación una y otra vez no te convertirá en maestro, aunque te haga muy hábil repitiendo el mecanismo que probablemente sea equivocado.
Lo mismo ocurre en el momento en que se trata de instalar un negocio sin más información que el sentido común, la imitación y la práctica más o menos orientada por un maestro que domina su oficio.
Es necesario ir adquiriendo habilidades, aun cuando sea de forma aislada, pero que te lleven a edificar un negocio exitoso.
Son materias que debe aprender el joven emprendedor:
- Administración y finanzas.
- Manejo de computadora y hojas de cálculo.
- Administración del tiempo.
- Negociación.
Estas son solamente algunas de las más importantes materias que debe dominar cualquier persona que quiera convertirse en emprendedora y edificar algún día un buen negocio propio.
Esta necesidad de aprender disciplinas adicionales se hace evidente cuando entendemos los cambios que ya se han dado en la venta de productos y servicios. En el pasado, la recomendación o acudir a un mercado específico a presentar productos y servicios garantizaba las ventas. Hoy en día quien no utiliza internet y las redes sociales solo asegura que gradualmente se quedará sin clientes, porque todo mundo busca en internet lo que necesita.
Un maestro artesano del pasado jamás considerará esta necesidad como urgente porque durante años lo ha hecho “a la antigua” y le había venido dando éxito, pero la realidad es que gradualmente ha venido perdiendo potencial de ventas, pero él no se ha dado cuenta, simplemente dirá: “ya no se vende como antes”, y tiene razón, ahora todo mundo vende por internet y las redes sociales.
No existe una edad para emprender
Si bien es cierto que no existe una edad límite para iniciar un emprendimiento, es un hecho que algunas personas, desde niños tienen la inquietud de emprender un negocio y lo intentan durante varias ocasiones hasta que lo logran.
Harland Sanders (“el coronel Sanders”), de Kentucky Fried Chicken inició su gran negocio a una edad de 65 años.
Adolfo Horn inició Helados Bing cuando tenía más de 50 años.
René Torres creó CONTPAQi a los 27 años y pronto se convirtió en el referente de la industria en nuestro país.
Podría citarte una gran cantidad de ejemplos tan solo para demostrarte que nunca se es demasiado viejo para comenzar, como tampoco lo es ser demasiado joven.
Ejemplos como éste abundan en todos los países del mundo.
Existen grandes empresas que inician a partir de pequeñas ideas que poco a poco van ganando un lugar en la predilección de los clientes y hay otras empresas que parecen ser insignificantes que consiguen logros monumentales con los años, como en el caso de las empanadas Julitas.
El espíritu emprendedor nace en la persona y se desarrolla por voluntad, adquiriendo el conocimiento necesario para llevar adelante un emprendimiento, es por ello por lo que no existe una edad clave para iniciar un negocio, pero es fundamental reconocer las debilidades que poco a poco se van haciendo evidentes en el momento de manejar el negocio y entonces, prepararnos para eliminar esta deficiencia. Por ejemplo, puedes tener problemas con el manejo del dinero y constantemente te encuentres sin capital para invertir en materias primas.
Si esto te ocurre con frecuencia se debe a que tienes una administración financiera que debe mejorarse. Entonces toma un breve curso que resuelva esta carencia y convierte esta debilidad en una fortaleza.
Está en tus manos aprender y mejorar gradualmente tu negocio, de ese modo tu emprendimiento alcanzará grandes niveles de estabilidad.
Localizar las oportunidades
Reconozco un potencial empresario en el momento en que una persona hace el comentario: “Aquí hace falta una cafetería”, “…pastelería”, “…juegos infantiles” o “…un recuerdo de la visita”.
Esta persona, sin importar su edad, ha desarrollado su percepción e identifica las oportunidades de negocio, muchas veces por lo que observa y otras por los comentarios que hacen otras personas, pero son extremadamente observadoras.
Este sentido común se desarrolla desde niño, pero esta capacidad de observación se pierde cuando un joven tiene toda su atención puesta en el teléfono móvil. Simplemente deja “de ver” lo que hay a su alrededor, limitando su capacidad de observación.
Todo emprendedor tiene iniciativa, sentido común, es sociable y tiene un sentido de urgencia para conseguir la visión que tiene de su propio negocio.
A veces pensamos que todo lo que necesita el empresario que inicia es dinero, pero debo decirte que éste es el recurso más fácil de obtener, pero la sensibilidad, el conocimiento y certeza de lo que se va a hacer, es el punto determinante del éxito de cualquier negocio.
Se puede aprender a emprender desde que se es niño, pero es necesario cultivar su curiosidad y proporcionar los elementos para que sea capaz de cultivar una idea, detonar el deseo y dejar que inicie con lo que tiene.
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